La casita de Pappo

Por Luis Tortolo

∗ Villa Carlos Paz, Córdoba - Reportero y cazador de historias |

Si digo que este chalecito de la foto, hoy atrincherado como una sinagoga o una mezquita, con bodoques de cemento y rejas, perteneció a la familia propietaria de Calderas Napolitano S.A., del porteñísimo barrio de La Paternal, calculo que el 98,51% abandonará este posteo.

Por lo tanto, y atento a eso, me apuro a adelantar, que era: “La Casita de Villa Carlos Paz” donde veraneaba Pappo !!!

Ahora, con semejante noticia, al menos habrá un 22,45% de lectores que seguirán estas líneas con tonada de “blues local”.

"Un viejo blues me hizo recordar momentos de mi vida y mi primer amor".  ¿A quién no?

Norberto Aníbal Napolitano, alias “Pappo”, alias “El Carpo”, fue, a no dudarlo, el máximo exponente del blues argento y creador también del heavy metal en esta parte del cono sur. Esto, nadie que sepa algo de música, me lo puede discutir. Hasta habrá quién lo eleve a un top 5 ideal del Rock Nacional junto a Charly, a Spinetta, a León… a Nebbia…

"Rock'n'Roll y fiebre… van de la mano los dos”.

Pero no nos dispersemos.

Debo ser certero como el "Tren de las 16".

Pappo era un guitarrista formidable, único, diferente, autodidacta, un cantante en constante progreso y líder carismático de bandas como Pappo Blues, Aeroblues y Riff. También brilló como integrante de reparto en bandas como Los Gatos (tras Nebbia), Los Abuelos de la Nada (tras Miguel Abuelo), La Pesada del Rocanrol (detrás de Billy Bond) y Conexión 5 (a la sombra de Bisso).

Era, además, un amigo de ley, amante de los fierros (especialmente Chevrolet), de las motos (lo que le costaría la vida) y de las mujeres (de todas).

“Susy se divierte, andando en Cadillac”.

Era también un tipo familiero (“nadie se atreva a tocar a mi vieja”) y en esta villa donde sus padres tenían la casita de veraneo era usada por Pappo para… holgazanear.

El joven inmobiliario Brunito Colaizzo, casi la paga caro por negarle la llave, una siesta de marzo, por acatar órdenes de la hermana de Norberto, que le había pedido días antes “... la casa familiar debe quedar limpia y sin uso por parte de parientes, hasta próximo aviso”.

-Dame la llave de la Casa de mis viejos. –Dijo el rockero irrumpiendo en el local del Bv. Sarmiento.

-No puedo, Pappo, su hermana me dijo…

-Más te vale que me des las putas llaves o te rompo la inmobiliaria, pendejo.  Esa fue la sutil sugerencia del violero con cara de bulldog, amagando a sacarse la campera con tachas.

-Sí, sí, Carpo… como no. Acá están las llaves de la casita de la Roma.

Esa fue la inteligente respuesta de mi amigo inmobiliario.

“Hay hordas de chicos malos con sus camperas de cuero y metales brillan al sol”, sin embargo, tengo testimonios vivos de otros vecinos, en donde nuestro “Hombre suburbano sigue su rutina”, “nadando en una ciénaga de macadam”, ataviado con pantalones cortos, ojotas y la campera de cuero, trepando la calle Roma, rumbo al quiosco de La Colorada Lorenzatti con marrones envases retornables para una “Fiesta cervezal”.

Otros testigos me remiten a postales con mate y pava, en el porche de la casita, contrastando lo criollo con música de AC/DC al mango saliendo desde la puerta del living… y con la Chevy estacionada frente al solar.

"¿Adonde está la Libertad?" cantaba Pappo… y seguramente la encontraba en esa mini galería de mosaicos, en siestas calurosas… “con amigos de verdad”.

El porqué de lo amurallado de “La Casita de Pappo” se debe, no a la fama de rockero duro, ya que era un tipo común y corriente en cuestión de fama, sino a la cantidad y calidad (etílica) de los conductores que se le metían (literalmente) al living, personajes que se habían tomado hasta el agua de los canarios en Molino Rojo, el tradicional boliche de la Familia Fernández.

Si me permiten ser autorreferencial, y aunque "desconfío de la vida", contaré brevemente que debo haber visto a Pappo, no menos de 15 veces, tanto con su banda pesada Riff como con alguna de las mil formaciones de Pappo's Blues en Córdoba, en La Falda, en el Cosquín Rock, en Teatro la Sombrilla, en la Costanera de la Villa y la mejor de todas: en Chez Ami !!!

En el Boliche de Mario Eduardo Testi tocaba  de entrecasa, como si fuera una extensión de la casita de sus viejos. Tocaba 15 minutos y se iba a la barra… volvía otros 20… y así.

"Siempre es lo mismo, Nena."

En el verano que compartió con el enamorado David Lebón (la Pata Villanueva lo traía de las narices) se daban zapadas inolvidables con "esas motos que van a mil” y una noche, en la barra, tras firmarme un autógrafo en un afiche de la velada blusera, nos habló con esa voz cavernosa, la misma con la que nos cantaba desde los parlantes desvencijados de mi Fitito blanco patente X197175: -¿No vieron donde se metió Romina Gay?

La blonda vedette, que estaba de temporada, lo venía esquivando insolentemente, lo que sería, según Riff, un “Mal romance”. Por un momento, debo confesarlo, la buscamos (en modo celestino) por todos los recovecos del mítico Chez Ami para congraciarnos con el ídolo rockero. Nada como ir "Juntos a la par" habrá pensado El Carpo, mientras se acodaba en la barra (al lado de la Cabeza de Beethoven que hoy se mudó a Zebra), ahogando su pena en tragos que le cebaba La Maby Moreno, como en “tomé demasiado”.

En ese mismo verano, en el bizarrísimo Teatro La Sombrilla, del Gordo Piccini, la obra con rejunte de actores serie B, cómicos de TV, vedettes del momento y lo que hoy serían mediáticos de ocasión, los lunes se tomaban un saludable descanso… y un lunes Pappo dijo: “Que sea rock”.

Pappo y el Ruso Lebón en sendas guitarras, el gordo Bolsa en batería y un bajista que no retengo (quizás el local Seba Linz), repasaron todos los clásicos de las andanzas de Pappo Blues, de Serú Girán y otros clásicos inoxidables en la típica escenografía de living de la comedia liviana, con Pata Villanueva aplaudiendo a rabiar entre bambalinas. Ese show lo filmamos con el Cabezón Villa y lo conservo en un viejo VHS, debidamente digitalizado en DVD.

“El Viejo” dio uno de sus ultimos shows, en el playón de la Muni,  gratis ( gracias Turquito Chain), tal vez con la formación mas profesional de Pappo Blues, con musicazos de la ostia, como Yulie Ruth en bajo, el armoniquista Robinson… y cantando mucho mejor.

Seguramente, tras el concierto serrano, hubo fiesta de trasnoche en la calle Roma… porque a Pappo siempre le quedaba “mucho por hacer”.

Me extendí un poco, pero a fin de cuentas era lo que hacía Pappo con sus interminables solos de guitarra.

Si queda leyendo un 12,63% de gente que inició este relato, me doy por bien pagado.

Saco la foto a La Casita de Pappo en plena siesta, desde mi auto. Ya no es el 600 blanco (ya les dije la patente), sino la Nueva Renoleta.  A modo de homenaje al Carpo, suena al mango, desde el pendrive,  “Sucio y desprolijo”, casi como este relato “insoluble”.

Veo el corazoncito de madera que luce el chalecito y pienso:  Pappo lo habría quemado con el encendedor?  Seguramente, porque era (o se hacía) el duro… el Chico Malo.

Agudizo el oído medio metálico que aún conservo y desde alguna de las calles (porque todas las calles de la Villa cunducen a La Roma) escucho, como en una lejana ovación, ese clásico inoxidable de los recitales de rock nacional:

“Y dale Pappo, dale dale Pappo”.

 

Y como El decía: QUE SEA ROCK!!!

 

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3 Respuestas

  1. Alejandro Barbeito dice:

    Gracias por el aporte Luis!

  2. Federico Emiliano Puhl dice:

    Que gran relato…gracias por compartilo Luis…se extraña el carpo…por siempre en la memoria

    • Luis Tórtolo dice:

      Algún día transformaré esto en un video, que incluya a algunos de los vecinos en testimonios y Pappo con Lebon en duelo de violas en el mítico Teatro La Sombrilla (hoy Torre Melos)

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