Riglos y Rosario

Por Luis Alposta

∗ Buenos Aires, Argentina  (1937) - Poeta y ensayista |

Todo ocurrió
en un viejo y derruido chalet
de dos plantas
ubicado en una esquina,
a treinta metros
de donde vivía César Tiempo,
por Rosario,
y a tres veredas
de donde murió Astor Piazzolla,
por Riglos.
Allí, en esa casa,
en medio de la suciedad
y de una miseria
que llegó a ser implacable
hasta la ferocidad,
en un exilio de silencio y locura,
dos seres,
que fueron mis amigos,
vivieron un amor.
Un amor no expresado
por violentas expansiones,
sino por una diaria radiación;
por pequeños actos de bondad
sin nombre ni recuerdo.
En esa casa
con fulgores de plata,
donde ella estaba loca
y él ya no se bañaba,
en la que casi no eran existencias
sino meras apariciones;
en esa casa,
símbolo de lo que se marchita
y de lo que fenece,
estaba la alternativa de la piedra
como oposición
al mundo de lo efímero;
la piedra,
como perduración
de la inmovilidad y el silencio.
La piedra del frente
y la historia de un amor.
Lo único que ha quedado de esa casa
de la esquina
de Riglos y Rosario.

 

Ilustración: Alejandro Barbeito

También te podría gustar...

1 respuesta

  1. Rene Bacco dice:

    De lo efimero y de lo sufrido por perdurable que la vida se empeña en sostener hasta el ultimo aliento.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *