La revolución de los pastitos

Por Julio J. Leite

∗ Ushuaia. Provincia de Tierra del Fuego (1957) - Poeta |

Los pastitos, esas humildes gramíneas que todo el mundo pisa, son muy charlatanes. Dicen que el viento les enseñó a hablar. Una vez un abuelo pasto que cargaba la memoria verde me contó sobre Atila y su caterva Mongólica. Entonces descubrí que era mentira eso de que “por donde pasaba Atila no crecía más el pasto” porque si hubiera sido así: don pasto memoria verde no habría podido contarme sobre Atila.
En otra oportunidad me encontré con un montón de pastitos amarillos, los habían colocado dentro de una camisa. Eran el alma de la vieja prenda y sobre una cruz de palo con sombrero, cuidaban una plantación de rabanitos, con voz muy chiquita, porque estaban moribundos, pero a coro, me dijeron los pastitos:
–Vale la pena morir por el rojo que se oculta bajo nuestra madre, mientras tanto ella, nos regala el verde y eso nos hace recordar a nuestra infancia.
Desde entonces traté de aprender a caminar sin pisar pasto. Digo que traté, porque por esa condición de entrega que ellos tienen, corrían hasta debajo de mis suelas y saltaban hasta chocar sus cabecitas amarillas contra mis zapatos.
Un buen día me tiré sobre la noche de los siempre y me puse a llorar, horas, días, años. Anegué mi cuerpo con mis lágrimas, vinieron el sol, la sangre, las estrellas, y a través de mi piel comenzaron a nacer los pastos tiernos… ¡Buen día! me decían, ¡buen día madre! Y yo hacía morisquetas para alejar a los gorriones y a otras aves, hasta que lo logré. Ahora soy todo pasto y me hice amigo de los pájaros. Ya no hago más morisquetas y espero a las ovejas. Ellas cuando comen, comen de raíz, y en una de esas, cuando arranquen el pastito que germinó dentro de mi corazón, me arrancan el corazón… Y bueno, es bueno vivir y morir como pastito, ser amarillo y sincero.
Hoy que han terminado las cuestiones de la nieve y el frío, hoy que supuestamente entramos en la estación de los brotes, asumo mi condición de pasto. Písenme estúpidos de siempre, maten mis ganas de parecerme a los rayos del sol. No importa. Algún camarada pasto se levantará en armas sobre esta noche de mierda, entonces los jinetes tendrán petos y yelmos de pasto, los ojos de los caballos serán pasto y el pasto cotizará en la bolsa, compraremos con pasto, haremos seguramente una revolución de pasto. Que así sea.

 

Ilustración: Alejandro Barbeito

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