Tema infinito

Por Carlos Hugo Aparicio

∗ La Quiaca, Provincia de Jujuy (1935), Salta (2015) - Poeta |

 

 

Yo también soy obrero y piso cada tarde,
en los umbrales doloridos de la noche,
el cansancio de mi sangre,
y me acodo en el perdón de la madera para compadecerme y olvidarme.
Oh qué tiempo éste que cae a mis pies
cuando vuelvo de la cara salada
a beber mi apellido con amigos iguales;
soy obrero de esta sangre que alcanza para llenar mi vaso
y sobra para inundar el tuyo.
Oh qué día de polvorientos ojos el que lloro
por comunes dolencias;
estoy junto al amor de unas paredes,
al delirio que a todos nos socava y en uno nos silencia.
Enamorado de la pena junto a tu sentimiento
cuento a todos mis humildes motivos,
tu voluntad de nadie para nada,
evitando mirarnos las ganas de morirnos.

Es la pasión febril de las cantinas,
hasta ellas caigo como un pétalo embarrado
a lavarme la herida con el agua del sueño,
a perder mi corazón por calles alunadas
donde salen amigos a abrazarme
y a compartir la flor de mi destino
golpeando la ciudad de madrugada.
Quién me dirá del sol que no ha ganado
lenta de culpa y sed la contrahuella,
y me pondrá sus ojos en mi vaso
y su rostro en mis lluvias venideras.
Quién ya no puede volver,
quién ya ni quiere,
de sus sorbos abstraídos,
y árido llora, solo de grave soledad,
duro a su muerte;
y quién sueña de sueño
entre los resplandores de otra amanecida
y más pobre se queda
dormido sobre el viento de un pañuelo.

Ay soñador callado en las cantinas,
crecerá por mi alma tu pesadilla rebelde,
tu forma angelical de conformarte.
Rincones del día castigado
recia luz de ternura
para la sed que nos hereda sin remedio,
del que paga con lágrimas su macha
-fósforos derrotados por el suelo.

Ay obrero del otoño en las manos,
de la frente apoyada en duros días,
soy hermano del gallo,
y del grillo
y hermano en las cantinas de todos los hombres de la tierra

 

Ilustración: Alejandro Barbeito

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